AGATHA CHRISTIE Y EL MISTERIO DE EL MÉTODO SILVA
“Me gusta vivir. En ocasiones, he sido intensa, desesperada, y profundamente desdichada, me ha consumido la pena, pero después de todo sigo teniendo plena certeza de que estar viva sin más, es algo grandioso”
Agatha Christie
“- ¿Nerviosa yo? -exclamó lady Astwell-.
¡Quisiera ver quién es el
guapo que se atreve a hipnotizarme!
… apague esa luz, ¿quiere, Monsieur Poirot? Y usted, lady Astwell,
dispóngase a echar un sueñecito.
-Se hace tarde..., usted tiene sueño..., tiene sueño. Le pesan los
párpados..., ya se cierran..., ya se cierran... Pronto quedará profundamente
dormida.
La voz del doctor se asemejaba a un zumbido apagado, monótono,
tranquilizador… A continuación, se volvió hacia Poirot y le hizo un gesto
visiblemente satisfecho.
La voz del doctor asumió ahora un tono vivo y muy autoritario.
-Duerme usted, lady Astwell, pero me oye y puede responder a mis preguntas -dijo.
-Le oigo -murmuró lady Astwell- y puedo responder a sus preguntas.
-Hablemos de la noche en que asesinaron a su marido. ¿La recuerda, lady Astwell?
El inferior (Ocho casos de Poirot, 1951. Agatha
Christie)
La esperanza es el antídoto universal contra el dolor.
Guardamos una reserva en nuestro botiquín de primeros auxilios para
utilizarla cada vez que nos sentimos heridos.
Todas las fuentes de la ansiedad responden a la esperanza.
Sin importar la causa de nuestra angustia, una buena dosis de
esperanza siempre nos mejora.
Cada vez que me desespero, pienso en mi admirada Agatha Christie y
en su misteriosa desaparición.
La versión oficial dice que, tras la muerte de su madre y la
infidelidad de su esposo, Agatha desapareció durante 11 días en diciembre de
1926.
Su coche fue encontrado abandonado al borde de una cantera.
La buscaron 1.000 policías y 15.000 voluntarios.
Hasta Sir Arthur Conan Doyle contrató a una médium que intentó
localizarla, sin éxito.
Finalmente, Agatha apareció en un balneario de lujo al norte de
Inglaterra.
Nadie sabe qué pasó porque ella no quiso contarlo.
Ni siquiera lo cuenta en sus memorias.
Hay que mantener el misterio, ¿verdad, Agatha?
Querida Agatha, te escribo desde el futuro.
Vivimos en tiempos que nos son para espíritus sensibles.
Por esa razón y después de años escuchando hablar de las bondades
del Método Silva de meditación y control mental, decidí apuntarme a uno de sus
cursos.
Al ver el precio, deduje que debía tratarse de una maravillosa
mezcla entre un espectáculo de ilusionismo y una sesión de hipnosis como la de
Lady Nancy Astwell en “Ocho casos de Poirot”.
En los días previos, mi imaginación de escritora fue creando una
imagen literaria del Método Silva.
Sí, el texto será inspirador, y la sesión estaría guiada por un
mentalista que nos hipnotizaría con su voz susurrante de encantador de
serpientes.
Pero no.
La estancia es incómoda, nada de cojines de seda, ni divanes, y el
ambientador huele tanto a piña que casi no puedo respirar.
Nos sentamos en unas sillas escolares diminutas que chirrían si te
mueves.
Y descubro con horror, ¡Qué está prohibido hablar!
¡Esto no es para mí!
¡Debí irme a un balneario!
Para mi desesperación, El Método Silva parece ser infalible.
Todos están sumidos en un trance chill y babean.
Todos menos yo, que soy inmune.
Mi mente acostumbrada a la lectura de textos escritos con gracia,
como los tuyos, Agatha, no soporta un texto tan mal redactado.
Me atormentan la falta de concordancia entre los tiempos verbales,
los errores gramaticales, las pérdidas de ritmo. Es una tortura para mis oídos
y para mi cabeza, que va corrigiendo cada desastre, en un intento de mejorar un
texto que no tiene arreglo.
¡Está escrito fatal!
Está escrito, mal, muy mal, muy mal, malamente.
Desesperada y aburrida, descubro que cada vez que escucho una frase
sin sentido, en mi cabeza suena el coro de “Malamente” de Rosalía.
“Malamente (eso es; así sí) 🎶
Malamente (¡trá, trá!) 🎶
Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal (mira) 🎶
Malamente (toma que toma) 🎶
Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal 🎶
Malamente (uh) 🎶”
Empiezo a sospechar que esto va a terminar muy malamente porque me
conozco y me está empezando a dar la risa.
¡Me escucho reír a carcajadas!
Los demás me miran como si volvieran a la vida saliendo de un coma
profundo, y se ríen conmigo.
Esto es, el inesperado triunfo del Método Silva sobre mi estrés.
A fin de cuentas, estarás de acuerdo conmigo, querida Agatha, en
que, si Lady Nancy Astwell no estaba nerviosa en absoluto, a pesar de que la
estaban interrogando sobre el asesinato de su marido, ¿por qué iba a estarlo
yo?
Dedicatoria
Dedicado a Sara Arboleda porque,
gracias a ella, al pronunciar la palabra Silva mi cara siempre dibuja una
sonrisa.
Querida Sara la medicina ha perdido
a una doctora competente y entregada, pero el teatro, la danza, y la escritura
están de fiesta.
Thalia no puede estar más feliz.
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Queridos lectores, la música es
importante en mi vida. De hecho, en el "mundo muggle" trabajo en una
orquesta sinfónica. Lo cuento en ¡"Pregúntale al oráculo!".
Por eso, quiero ponerle una banda
sonora a este texto, la de la película “El Ilusionista” (2006). Impresionante y
hermosa película sobre un mago, su amante y un príncipe malvado.
La banda sonora lleva la firma del
compositor Philip Glass que creó para esta película una música magnética y
envolvente que transmite todo el suspense y el misterio de la historia.
El guion está maravillosamente escrito, nada que ver con el método Silva 😉
Podéis escucharla en YouTube, en el canal Soundtrack cut buscando por The illusionist Soundtrack. Mi corte favorito es a 8:39 The Orange Tree, dura apenas 2 minutos, porque se escucha un sonido que me recuerda a una caja de música (por favor, si alguien sabe lo que es que me lo cuente, yo no identifico el instrumento).
📷 Foto 1. Cartel de "Agatha y la
verdad del asesinato" (2018)
📷 Foto 3. Escena de "El Ilusionista" (2006)
📷 Foto 4. Rosalía en la época de "El Mal Querer"
📷 Foto 5. Portada Banda Sonora "El Ilusionista" (2006)
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