Luces en el cielo, Luces en los bares
En verano en España los bares son los únicos lugares donde hay vida. En ellos se puede encontrar todo lo necesario para la supervivencia, comida, bebida fresca, aire acondicionado, y buena compañía.
En el televisor de uno de esos bares
se proyectaba un documental sobre la existencia de agua en Marte. Un sesudo
científico afirmaba que cuando encontraran agua en Marte, sin duda encontrarían
vida.
¡Eso es mentira! – dijo una niña desde
el fondo del local - ¡En Marte, no hay vida!
¿Por qué no? – preguntó un camarero.
Porque en Marte – respondió la niña
–, no hay bares.
Luces en el cielo
Los humanos alzamos la vista al
cielo para admirar su belleza deslumbrante, y esas luces resplandecientes que
son las estrellas.
Perdidos en su inmensidad
proyectamos en él nuestro miedo a desaparecer, imaginando que está poblado por
civilizaciones alienígenas que pretenden acabar con nosotros.
Pero, ¿sería una invasión
extraterrestre la mayor amenaza para nuestra especie?
Me temo que no. Somos capaces de
extinguirnos nosotros solos, sin necesidad de ningún agente externo. Para esta
autoextinción tenemos armas más que de sobra, y la más letal es la burocracia.
Quizás, los extraterrestres no entran en contacto con nosotros por esa razón, y
prefieren colonizar otros planetas dónde todo fluya.
Por culpa de la burocracia, millones
de terrícolas están deseando jubilarse y dejar sus profesiones de toda la vida.
Algunos incluso querrían abandonar el planeta, porque para ellos la vida con
tanta burocracia se ha vuelto insoportable. Sería una especie de exilio
interestelar en busca de planetas dónde te dejen vivir en paz.
Burocracia inmortal
¿La burocracia es inmortal? ¿Es una
especie de Hidra de Lerna a la que sólo Hércules podría derrotar?
Entonces, ¿vamos a la extinción?
Mientras escribo esto el padre de un
amigo que está ya muy enfermo piensa en la eutanasia. Sus hijos le quitan la
intención.
En un alarde de valentía, entereza,
buen humor y gran inteligencia, el hombre les dice a sus hijos estas
palabras:
“Pues vais a tener razón, porque
entre que la pido y entre que me la dan pasará un tiempo, y no creo
que yo dure tanto.”
Y es que la burocracia puede
convertirse en una cuestión de vida o muerte.
Verano de 1936
Aquella mañana mi abuelo se dirigía
a hacer una gestión, apuntarse a la guerra.
Después de hacer la cola, pasó a un
despacho. Allí, en una mesa estaban sentados 2 burócratas.
El primero hacía las preguntas y el segundo
iba rellenando el expediente. Todo iba bien hasta que llegó la pregunta que mi
abuelo temía.
¿Color de ojos? – preguntó el primer
burócrata.
Mi abuelo no respondió. No podía
responder porque su color de ojos no tenía nombre.
Era un azul luminoso y
resplandeciente, como la luz de las estrellas, sobre un fondo casi negro.
Dependía de la hora del día, pero mirarle era siempre como ver luces azules en
un cielo nocturno.
Los burócratas empezaron a discutir
sobre qué color de ojos debía figurar en el expediente. No se ponían de acuerdo.
Ninguno cedía. Lentamente, desenfundaron sus armas y se encañonaron el uno al
otro.
Instantes después, uno de ellos se
giró hacia mi abuelo.
¿Color de ojos? – preguntó de nuevo,
pero esta vez apuntándole con la pistola.
Usted lo ve – respondió mi abuelo,
pensando que quizás esas serían las últimas palabras que pronunciaría en su
corta vida.
¡Lo ves! – dijo el primer burócrata
dando una risotada - ¡No lo sabe ni él!
¡Así no hay quien trabaje! – añadió
el segundo, asintiendo.
Y ante la mirada atónita de mi
abuelo, empezaron una conversación trivial sobre que ya era tarde y estaban sin
comer. Tras la cual, cogieron sus americanas, cerraron el despacho, y se fueron
juntos al bar de enfrente.
La guerra es una locura – decía mi
abuelo -, vas a hacer una gestión y sales con los pies por delante.
De él creo haber heredado yo “la
maldición del papeleo”.
Verano de 1998
En 1998 mi día favorito de la semana
era el lunes porque se emitía “Expediente X”. Yo era fan y veía cada capítulo
con devoción. Me encantaba la música, y la frase final de la intro… “El
gobierno niega todo conocimiento”.
Ese año empecé “a trabajar para el
gobierno”, y por supuesto llevaba al trabajo una falda recta negra con abertura
inspirada en el vestuario de la protagonista de la serie, la agente especial
Dana Scully.
El trabajo estaba en la redacción de
un antiguo periódico local reconvertido en sede de un organismo gubernamental.
No había ascensor. Sin embargo, el
precioso edificio de 3 alturas conservaba una escalera de caracol de los
tiempos del periódico. La causa principal de que los expedientes no avanzaran
era aquella escalera.
¡Qué suban ellos!, ¿Subir nosotros?,
¡Ni hablar!, ¡De eso nada!, ¡Qué bajen ellos si quieren el expediente! – frases
como éstas se oían a gritos, desde primera hora de la mañana.
Pronto entendí que en aquel mundo
burocrático de expedientes había una oportunidad profesional para alguien con
buenas piernas, que estuviera dispuesta a subir y bajar escaleras.
Todos los días yo “hacía la
escalera” con mis tacones a una velocidad de vértigo. ¡Tuve suerte y no me
rompí el cuello!
La burocracia no tiene mucha lógica.
La vida de un expediente es misteriosa, y a menudo depende de variables tan
delirantes como que alguien suba una escalera, o no.
Nadie te cuenta su vida en un
ascensor que no es más que una caja aséptica y metálica. Sin embargo, una
escalera puede ser el inicio de una gran amistad. Profesionalmente, le debo
mucho a aquella escalera. En sus peldaños conocí y me di a conocer, subí y bajé
expedientes, contratos, tazas de café, incluso alguna botella de agua fresca
del bar de enfrente.
Verano de 2025
En un pueblo del noroeste español
una anciana está sentada a la puerta de su casa. Como todas las noches, ha
salido a tomar el fresco y a ver las estrellas.
Ve avanzar hacia ella un vehículo
con luces de colores que la enfocan y la deslumbran. Nunca ha visto nada igual.
La mujer, que es asidua a los programas de misterio de la televisión, está
segura de que son los extraterrestres.
De la nave descienden 2 humanoides
con monos ajustados oscuros, botas militares, la cara manchada de negro, y la
mirada triste y perdida.
Se acercan a ella y le piden un vaso
de agua fresca.
Típico de los extraterrestres - piensa
la mujer - o te piden un vaso de agua o un destornillador para arreglar la
nave.
Los humanoides beben el agua fría
terrícola con ansiedad.
Uno de ellos se acerca a ella con un
objeto que extrae del interior de la nave. Es una botella de vino. La mujer lee
la etiqueta “GUARDIA CIVIL. Embotellado especialmente para la Unidad Técnica de
La Policía Judicial. Contiene sulfitos”.
Esto es para agradecerle el agua –
le dicen – venimos de los incendios de León, y hace días que no probamos agua
fresca. ¿Vive usted sola en esta plaza?
Sí – responde ella -, los demás
marcharon.
¿Por qué marcharon? – le preguntan.
Porque en este pueblo – responde
ella –, hace años que no hay bares.
Nota de la autora
Queridos lectores, en mis años de
vida en La Tierra me he dado cuenta de que la salud de un planeta se mide por
la intensidad de la luz de sus bares. Este planeta seguirá vivo mientras las
luces de sus bares no se apaguen.
¡La próxima vez que pasen por un
bar, recuerden este artículo y brinden por ellas!
Dedicatoria
Dedicado a la memoria de D.
Victoriano Cabrejas Martín, a quien tuve la alegría de conocer, y que falleció
mientras yo escribía este artículo. En la seguridad de que es ya, para siempre,
una inmortal y resplandeciente luz en el cielo.
*******
Queridos lectores, la música es
importante en mi vida. De hecho, en el "mundo muggle" trabajo en una
orquesta sinfónica. Lo cuento en "Pregúntale al oráculo!".
Por eso, quiero ponerle una banda
sonora a este texto, la de la inolvidable sintonía de la serie Expediente X
(The X-Files).
El compositor es Mark Snow y
se puede encontrar en YouTube en el canal JACBSA Multimedia buscando por The X
Files / Soundtrack Suite. Esta es mi recomendación, dura 10’ y merece la pena
escucharla entera.
Mark Snow terminó la música de
Expediente X de milagro porque, aunque ya tenía escrito en la partitura el
famoso silbido del tema principal “Materia Primoris”, la melodía no acababa de
convencer al creador de la serie, Chris Carter.
Cuenta la leyenda que desesperado
Marck Snow apoyó el brazo sobre el teclado del piano, y al hacerlo activó, sin
querer, un efecto eco digital que se convirtió en el corazón de la melodía. Y
ese sonido sí le gustó a Carter.
Y eso es exactamente lo que se
escucha, silbidos, ecos, y una percusión tan misteriosa que parece una batucada
interestelar.
Les aconsejo escucharla mientras se
leen esto, como yo lo hice mientras lo escribía.
Quiero que sepan que yo también he
terminado este artículo de milagro, ya que durante meses fui incapaz de
encontrar un final que me gustara. Sin embargo, cuando casi había perdido toda
esperanza, apareció ante mí la historia de los 2 humanoides y el vaso de agua
fresca, que me contó la señora protagonista, sin darse importancia.
Me puse tan contenta al escucharla
que no podía parar de decir - ¡Es una historia maravillosa! ¡Esto que le ha
pasado a usted es extraordinario! - que la mujer, que probablemente pensó que
yo me estaba trastornando, acabó muerta de risa y regalándome la botella de
vino de la Guardia Civil.
No importa si estamos buscando vida
extraterrestre, una melodía, o el final para un artículo, lo importante es no
perder la fe en que lo acabaremos encontrando.
Como en aquel icónico poster que el
agente Fox Mulder tenía en la pared de su despacho… “I Want to Believe”.
Cortesía de El Ilustre Colegio de
Economistas de Valladolid, Palencia, y Zamora, esta maravilla se puede ver en su sede de Calle Cebadería, 9 en Valladolid. Archivo personal de
@mercedeshernandopastor.
📷 Foto 2. Título: Mercedes en El Penicilino. Archivo personal de
@mercedeshernandopastor.
📷 Fotos 3 y 4. Imágenes de la Serie Expediente X.
📷 Foto 5. El regalo de los humanoides. Archivo personal de
@mercedeshernandopastor.
Este artículo apareció
publicado en la Revista Castilla y León Económica número 351 en diciembre de
2025
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